¿Ganamos o perdimos?

por Pablo Pozzi

Finalmente hubo elecciones. Y si, fui y voté. Fue algo surrealista, donde trastabillaba camino a la urna mientras me topaba con amigos y conocidos. Todos «sabían» que yo votaba a la izquierda y querían saber si eso era mejor que votar a Macri para que pierdan los Kirchner. Todos preguntaban qué sugería que hicieran, si debían emitir un «voto útil» o por el Frente Progresista o por el Frente de Izquierda. Todos se quedaban sorprendidos cuando les decía que votaran su conciencia, y que en mi fuero interno deseaba que hubiera una boleta con la fórmula Agustín Tosco-Armando Jaime; claro que eso era porque muchos no sabían quiénes eran. ¿Qué le vamos a hacer (o quelevachaché, como decía un viejo amigo)? Me quedé en el 73. Pero que el mundo había cambiado me golpeó de repente cuando, al salir de la escuela donde votaba, veo que mi intendente radical-delasotista-macrista-vecinalista (o sea un hombre de principios firmes y movibles) había hecho el Paseo de la Democracia: empezaba en el geriátrico y terminaba en el cuartel de la Gendarmería (¿o era al revés?) y pasaba a través de las vías de tren en desuso y del playón donde se almacena la soja. Digamos, la síntesis de la política argentina.

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